UN POCO DE HISTORIA: QUIÉN INVENTÓ EL ASPIRADOR

El aspirador es ese práctico electrodoméstico que nos es tan útil en la limpieza diaria y cuyo funcionamiento se basa en una bomba de aire y que aspira el polvo y pequeñas partículas de suciedad. Esa suciedad es recogida mediante un sistema de filtrado para un posterior almacenamiento.

Pero no siempre hemos dispuesto del maravilloso aspirador en nuestras vidas. Y hasta finales del siglo XIX las fieles escobas, los trapeadores y los cepillos para alfombras eran las únicas herramientas de que disponían nuestros bisabuelos para mantener la limpieza de sus hogares.

LAS PRIMERAS Y POCO EFICIENTES ASPIRADORAS

La verdad es que se desconoce la autoría de la primera aspiradora de la historia. Se sabe que fue utilizada por primera vez en el año 1869 y que fue fabricada por la Compañía Americana Limpiadora de Alfombras. Ese trataba de un aparato, de madera, inmenso y que debía de transportarse en un carro tirado por un caballo. El aspirador funcionaba con un operario que apretaba repetidamente un fuelle en su parte superior, mientras un segundo aplicaba la boquilla en la zona a limpiar. La verdad es que no limpiaba demasiado bien, pero al menos representaba una mejora respecto a los cepillos.

Poco después, en 1876, el Sr. Bissell, harto de sufrir las consecuencias de su alergia al polvo, inventó la Grand Rapids, consistente en una especie de escoba barredora o cepillo giratorio.

Y en 1898 se presentaba en el Empire Music Hall de Londres una maquinita provista de una caja metálica cuyo interior contenía una bolsa de aire comprimido que se proyectaba sobre la alfombra con la intención de que el polvo se depositara en la caja, cosa que lamentablemente nunca ocurría, sino que al contrario: la caja era el único sitio adonde no iba a parar nunca. Como aspiradora, realmente no tuvo mucho éxito, pero sí es destacable por la influencia que tuvo en un brillante inventor de la época.

APARECE EL PRIMER ASPIRADOR DE VERDAD

Cecil Booth fue un ingeniero inglés, experto constructor de puentes y de cierto renombre por haber diseñado la gran noria de Blackpool, en Londres, y la gigantesca noria de Viena, famosa por la película “El tercer hombre”.

En 1898 asistió atónito a la demostración de un pretencioso americano que presentaba su nueva máquina extractora de polvo en el Empire Music Hall de Londres. Booth estuvo varios días dándole vueltas al asunto, hasta que comprendió que la clave estaba en intercambiar el concepto de expulsión utilizado por el americano en su demostración por el de succión.

Tal como hizo constar en su cuaderno de notas: “Hoy hice el experimento de aspirar con mi propia boca el respaldo de una silla tapizada en un restaurante de Victoria Street; el polvo me hizo toser estruendosamente, pero conseguí aspirarlo”. Y de una forma quizás algo ridícula para nosotros, halló la clave del principio del primer aspirador.

No tardó en comprender que el quid de la cuestión se encontraba en encontrar el filtro adecuado que permitiera el paso del aire reteniendo el polvo y la suciedad. El secreto era hallar un tejido de urdimbre espesa que sirviera de filtro. Y, finalmente, halló un pañuelo con una trama lo suficiente espesa, pero a su vez adecuado para dejar pasar el aire pero no el polvo. En el año 1901 patentaba su invento y nacía la primera y auténtica aspiradora. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta de quién inventó el aspirador, es el ingeniero inglés H. Cecil Booth en el año 1901.

El primer aparato que se comercializó era inmenso, del tamaño de un frigorífico actual. Con su bomba, una cámara de polvo, su motor y una carretilla para transportarlo. Para accionar el aspirador, un operario se encargaba de dirigir la carretilla, mientras un segundo se ocupaba de la larga y flexible manguera. Hay que tener en cuenta que Booth lo concibió como un servicio a domicilio, no como un electrodoméstico que cada familia pudiera tener en su hogar.

SE DEMUESTRA SU EFICIENCIA

Su primer encargo le llegó de la Abadía de Westminster con el cometido de aspirar el polvo de la impresionante alfombra que cubría el suelo del templo y que debía pisar el rey Eduardo VII durante la ceremonia de coronación en 1901. La demostración fue un éxito y sus primeros clientes fueron los dueños de grandes locales públicos, como tiendas, teatros y hoteles.

Pero su mayor éxito llegó durante la Primera Guerra Mundial. En aquellos duros años, el Crystal Palace de Londres, el famoso pabellón construido para la Exposición de 1851, era el acuartelamiento de la reserva naval. Pero los soldados caían enfermos y morían debido al tifus exantemático. Los médicos, incapaces de atajar el contagio, sospechaban que el polvo del vetusto edificio era la causa del rápido contagio.

Quince aspiradoras fabricadas por Booth trabajaron día y noche. Aspiraron suelos, escaleras, paredes e incluso las vigas del edificio. Se extrajeron treinta y seis camiones de polvo y, tal vez por una feliz coincidencia, la epidemia se terminó. Este hecho fue el que contribuyó al triunfo y al reconocimiento del nuevo invento, que conoció a partir de entonces imparables cambios e innovaciones.

No tardaron en aparecer los primeros modelos de aspirador para el hogar, aunque todavía se necesitaban dos personas para manejarlos. Habitualmente el ama de casa y una hija. Y con los pasos de los años y la aparición en el mercado de las primeras aspiradoras eléctricas, Booth añade a sus aspiradores un mecanismo motorizado.

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